Controles en la Frontera en la zona norte de Pinamar y vehículos en la HoyaControles en la Frontera en la zona norte de Pinamar y vehículos en la Hoya

La Frontera de Pinamar, tras el endurecimiento de sanciones: más controles, bronca y un equilibrio frágil

2026/01/20 09:02

PINAMAR (Enviado especial).— El cambio se percibe antes de llegar a los médanos. A media tarde, el acceso a La Frontera está marcado por conos, linternas y uniformes que ordenan una circulación históricamente desbordada. El operativo es visible, sostenido y genera reacciones inmediatas. “Están esperando para romperte las pelotas”, dice un hombre al volante de una 4x4, con un cuatriciclo en la caja, mientras reduce la marcha y mira de reojo el control. La frase, cruda y repetida en voz baja, resume el clima que domina la zona tras el endurecimiento de sanciones dispuesto por el municipio.

Desde el sábado, La Frontera funciona bajo un nuevo esquema de control, con presencia policial permanente y operativos que se mueven según el flujo de vehículos. No se trata de un punto fijo: el despliegue combina controles en el ingreso y la salida con recorridas internas por los médanos, apoyadas desde el aire por drones y helicópteros. El objetivo es disuadir maniobras peligrosas y reducir la siniestralidad en un espacio donde conviven uso recreativo, informalidad y riesgo.

Controles en el ingreso y la salida de La Frontera, en Pinamar

El impacto inicial es medible. Desde el inicio del operativo se incautaron 16 UTV, 11 cuatriciclos y varias camionetas, según pudo reconstruir LA NACION. En el caso de los rodados livianos, las infracciones se encuadran mayormente en la Ley Nacional de Tránsito 24.449. Las camionetas, en cambio, quedaron secuestradas por infracciones al artículo 193 bis del Código Penal, que sanciona las carreras y maniobras peligrosas.

Las unidades fueron trasladadas a la comisaría de Pinamar, sobre la avenida Bunge, y a un depósito especial con custodia policial, donde permanecen hasta que los responsables regularicen su situación y paguen las multas correspondientes.

El endurecimiento de controles en Pinamar prevé multas elevadas, secuestro inmediato de vehículos e inhabilitación para conducir, entre otras medidas

El endurecimiento de sanciones fue formalizado a través de un decreto reciente de la Municipalidad de Pinamar, que reglamenta y refuerza una ordenanza ya vigente. La norma prevé multas más elevadas, secuestro inmediato de vehículos, inhabilitación para conducir dentro del distrito y el cobro de gastos de acarreo y estadía. También introduce agravantes cuando hay menores involucrados, circulación en grupos organizados o situaciones de peligro para terceros.

En el terreno, los efectos se notan en el ritmo. Desde la llegada de este medio al lugar, a las 16.30, la primera infracción se detectó recién 20 minutos después. En ese lapso, el ingreso fue espaciado y casi parejo con la salida, sin acumulaciones. “Hay mucho menos movimiento que días atrás”, reconoce un efectivo mientras se comunica por handy con la central. La percepción se repite entre quienes recorren la zona: menos tránsito, menos ruido y una actividad más contenida.

Desde el inicio del operativo se incautaron 16 UTV, 11 cuatriciclos y varias camionetas

A las 16.45 una ambulancia se posiciona en las inmediaciones como parte del dispositivo preventivo. Minutos después se intensifican los controles. Los primeros vehículos detenidos atraviesan el procedimiento sin mayores sobresaltos: documentación, chequeos reglamentarios y continuidad del recorrido. Uno de los factores que dispara las detenciones es la edad de los conductores, cuando los agentes detectan perfiles muy jóvenes.

Las UTV concentran especial atención: es el tipo de vehículo involucrado en el accidente de Bastián, que aceleró el refuerzo de controles y la reactivación del régimen sancionatorio.

Los controles en La Frontera buscan interrumpir conductas de riesgo

Con el correr de la tarde, los agentes registran patentes de posibles infractores para interceptarlos más adelante. El objetivo, explican desde la fuerza, no es solo sancionar sino interrumpir conductas de riesgo. En los casos de faltas subsanables —como la ausencia de banderines u otros elementos de señalización— se detiene al conductor, se le impide continuar en infracción y se le indica cómo regularizar la situación. La lógica apunta a ordenar sin clausurar la actividad recreativa.

Hacia las 17, comienza la congestión en la salida. Todos los vehículos que egresan son parados. Se forman colas, algunos autos quedan detenidos a un costado y la linterna de los efectivos marca, con un gesto breve, qué rodado debe frenar. También se detienen numerosas 4x4. El esquema genera demoras, especialmente cuando el regreso se concentra en franjas horarias similares.

La acumulación de agua en el sector donde suelen correrse las ilegales desalienta la actividad

Más adentro, en “La Olla” —una depresión natural del terreno donde históricamente se concentran picadas y maniobras— el panorama es ambiguo. Los autos se acumulan a los costados, pero las carreras son pocas. Parte de la explicación está en el terreno: la acumulación de agua en el sector donde suelen correrse las ilegales desalienta la actividad y funciona, esta vez, como un freno inesperado.

Cerca de la línea de playa, donde está el corredor legal, el movimiento es distinto. UTV y cuatriciclos circulan con mayor fluidez y constancia. En la arena, decenas de 4x4 se instalan con carpas y gazebos, en una postal que contrasta con los controles más estrictos del acceso principal y con la tensión que se vive algunos metros más adentro.

Controles en la Frontera en la zona norte de Pinamar y vehículos en

Cerca de las 18 empieza a llegar más gente a “La Olla”. Sube el volumen de la música y aparecen los gritos de aliento. No más de una docena de vehículos se anima a correr picadas o a hacer maniobras. La mayoría lleva cascos, gafas y banderines, aunque no faltan quienes circulan sin medidas de protección. Es un escenario mixto: cumplimiento parcial, controles presentes y conductas que persisten en los márgenes.

Desde la fuerza admiten que la franja horaria más intensa va desde media tarde hasta alrededor de las 18 o 18.30, y que el movimiento está muy condicionado por el clima. Cuando el sol empieza a caer y la visibilidad se reduce, la actividad decae casi por completo.

El esquema genera demoras, especialmente cuando el regreso se concentra en franjas horarias similares

El cierre del día, cerca de las 19, vuelve a tensionar el esquema: los vehículos regresan “en manada” hacia la ciudad y los controles ralentizan una vez más la salida. Para asegurarse de que no quede nadie dentro de los médanos, drones y helicópteros sobrevuelan nuevamente la zona antes de dar por finalizada la jornada.

La nueva realidad de La Frontera se sostiene sobre un equilibrio frágil. Hay más controles y menos desborde visible, pero también una bronca latente y prácticas que no desaparecieron del todo. En un territorio de uso recreativo masivo y límites difusos, el orden depende de una presencia constante. Si esa presión cede, la dinámica amenaza con reacomodarse.

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