Ya iniciado el 2026, varias personas se preguntan si se trata de un año bisiesto. Este se suele dar cada cuatro años y se le agrega un día.
Al observar el calendario de este año, se puede ver que el 2026 no es un año bisiesto, puesto que no cuenta con un 29 de febrero. Este tipo de años se origina por una consecuencia del calendario gregoriano, la forma de medir el paso del tiempo que se utiliza en la mayoría de los países del mundo. Tras ser introducido en 1582, este sistema resultó más eficaz que el anterior calendario juliano. Pero el sobrante de horas entre lo definido por el calendario y el tiempo que en efecto tarda la Tierra en orbitar el Sol provoca que casi siempre, cada cuatro años, haya que transformarlos en bisiestos, es decir, sumarles un día para compensar la cuenta. Es así que surge el 29 de febrero.
Solo aplica para cualquier año divisible por cuatro. Por ejemplo, el 2024 tuvo 366 días. La operación que se aplica es la siguiente: 2024 ÷ 4 da un cociente de 506, lo que nos determina que se trataba de un año bisiesto, dado que el resultado es un número sin coma.
Hay una excepción en el cálculo que permite agregar un día al calendario: los años múltiplos de 100. En este caso, la cifra en cuestión también debe ser múltiplo de 400. En caso contrario, no es bisiesto a pesar de ser múltiplo de 4. Por eso, el año 2096 va a ser bisiesto, pero el 2100, no.
A partir de esta regla, se puede descartar que el 2026 sea año bisiesto. Al dividir este número por 4 da 506,5, lo que indica que no se le puede agregar un día más. Por lo tanto, este año tiene 365 días y que febrero está compuesto por 28 jornadas. En tanto, quedan tan solo un par de años para el próximo año bisiesto, que es 2028.
El nombre bisiesto viene del latín, el idioma oficial de la Antigua Roma, en el que las jornadas se denominaban en base a su distancia con tres tipos de días centrales que se repetían mes a mes: las calendas, es decir, la primera jornada del mes; las nonas, nombre descendiente del nueve que hace referencia a los días que faltaban para el cuarto creciente de la Luna; y los idus, jornadas en que ocurría este evento astronómico.
El calendario juliano, instaurado por Julio César, tenía el mismo problema de acumulación de días que el gregoriano, y para resolverlo se sumaba un día extra a febrero, que era el último mes de ese calendario. Pero en su caso agregaban un segundo 24 de febrero, y al anunciar dicha jornada, se la denominaba “Ante Diem Bis Sextus Kalendas Martiam”, es decir, “el día bis sexto antes del primero de marzo”, fórmula que luego fue acortada a “Bis Sextum”, y de la que deriva nuestro actual bisiesto.
En la Argentina, es posible adelantar cuándo hay feriados y días no laborables este año a partir del calendario oficial que difunde la Jefatura de Gabinete en su sitio oficial:

