Las cifras oficiales confirman que la economía mexicana está estancada.
Y que las finanzas públicas, continúan comprometidas con un elevado déficit y una deuda creciente.
El mínimo crecimiento económico impidió avanzar en la meta proyectada de reducción del ajuste fiscal.
El gobierno mexicano mantiene escaso margen de maniobra.
A pesar del ligero repunte observado en el cuarto trimestre del 2025, la tasa anual del crecimiento económico en 2025, es la menor en el último lustro.
Desde el año 2021, cuando la economía registró un rebote por la reapertura luego de la pandemia del 2020, la economía refleja una desaceleración contínua.
Inegi reportó una tasa de crecimiento del PIB de 0.7% contra 1.1% del 2024.
En las finanzas públicas, el gobierno de Claudia Sheinbaum se quedó corto y aunque redujo a 4.3% del PIB el elevadísimo déficit fiscal que heredó del ex presidente Andrés Manuel López Obrador de 5.8%, quedó todavía lejos del nivel prometido de 3.9 por ciento.
Las cifras son oficiales. No dejan lugar para el optimismo.
No puede celebrarse el peor escenario: que la economía se salvó, por un pelito, de la recesión.
De acuerdo con datos del equipo de análisis de Banco Base, encabezado por Gaby Siller, aunque la economía mexicana evitó la recesión, la tasa de crecimiento al cierre del 2025, quedó por debajo de la tasa anual del 0.85% registrada en los últimos siete años.
La falta de crecimiento crónico fue destacada hace unos días por el economista en jefe de Bank of América, Carlos Capistrán quien señaló que la economía mexicana acumula 10 años con bajo crecimiento económico.
Los datos del comportamiento económico, ciertamente, no permiten ser optimistas, por lo menos, respecto de lo que se puede hacer y no se está haciendo internamente y que afecta directamente a la economía.
Se mantienen intactas todas aquellas políticas gubernamentales que tienen congelada a la inversión privada: reforma judicial, inminente reforma electoral, inseguridad, a pesar de los innegables avances en materia de combate al crimen organizado, entre muchos otros.
El optimismo, en cambio, sí puede tenerse por las enormes expectativas que tiene México.
Por una parte, por la posibilidad de que logre una exitosa y positiva revisión del T-MEC.
Y por la otra, por la reconfiguración estructural mundial, de la que México podría beneficiarse.
Sin embargo, en lo interno, parece no encontrarse la fórmula para detonar un crecimiento alto y sostenible.
El mismo responsable de las finanzas públicas, Edgar Amador reconoció que el menor crecimiento económico impidió cumplir con una mayor reducción del déficit fiscal.
La economía nacional, paradójicamente, por los obuses arancelarios de Donald Trump, tiene a las exportaciones como su único motor encendido.
El superávit comercial de México con Estados Unidos alcanzó un récord en 2025.
Las exportaciones a ese país fueron de 492,513 millones de dólares.
Y las importaciones de 309,799 millones de dólares.
México cerró con un saldo favorable de 183,000 millones de dólares.
Sin embargo, en la balanza comercial, también se registró un dato preocupante en la balanza comercial.
La exportación de crudo cayó 28 por ciento.
Al cierre del 2025, Pemex exportó en promedio 580,621 barriles al día, 28% menos que el año previo y el volumen más bajo en sus registros.
Además de que las cifras muestran que con todo y el mejor trato arancelario de EU a México que permitió una mejoría en el volumen, dos sectores fundamentales de la economía mexicana se vieron afectados negativamente: la industria automotriz y el sector agropecuario.
En los próximos días el gobierno mexicano anunciará inversiones en carreteras y ferrocarriles. Considera que tales, tendrán un efecto “envión” para impulsar a la economía.
Sin duda, tendrán un efecto positivo. Aunque un efecto mucho más fuerte podría generarse si se disipa la incertidumbre jurídica, se impulsa al sector energético sin retórica ideológica y se abre paso a la inversión privada. Veremos.

