Investigaciones científicas desarrolladas en distintos países señalaron que el consumo habitual de bebidas muy calientes, como café, té o mate, podría estar asociado a un mayor riesgo de cáncer de esófago, una enfermedad de alta agresividad y diagnóstico tardío. La evidencia apunta a la temperatura como el principal factor de riesgo.
Con el tiempo, estas observaciones iniciales dieron lugar a estudios publicados en revistas científicas como Nature y American Journal of Physiology, que analizaron los efectos del calor extremo sobre el tejido esofágico.
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El interés científico aumentó en 2016, cuando investigaciones realizadas en China e Irán —países con alta incidencia de cáncer esofágico y una fuerte tradición de consumo de bebidas calientes— identificaron patrones de riesgo asociados a esta práctica.
Un estudio publicado en febrero de 2025, centrado en poblaciones del Reino Unido, indicó que las personas que consumían cuatro o más tazas diarias de bebidas calientes presentaban un riesgo 2.5 veces mayor de desarrollar cáncer de esófago. Estos resultados reforzaron la preocupación sobre la temperatura como variable determinante.
Según la evidencia científica, el riesgo no se asocia al tipo de bebida, sino a su temperatura. El paso repetido de líquidos muy calientes por el esófago puede provocar daño térmico en el revestimiento epitelial.
Estudios publicados en American Journal of Physiology-Gastrointestinal and Liver Physiology señalan que este daño podría debilitar la barrera protectora del esófago y aumentar su vulnerabilidad al reflujo ácido.
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Investigaciones citadas por The Conversation indican que sorbos grandes de café pueden elevar la temperatura del esófago hasta 12 °C.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer a clasificar las bebidas consumidas por encima de 65°C como “probablemente cancerígenas para los humanos”.
Los especialistas recomiendan esperar algunos minutos antes de consumir bebidas recién preparadas para permitir que se enfríen.
También sugieren tomar pequeños sorbos en lugar de tragos grandes y alternar la bebida caliente con agua a temperatura ambiente, con el fin de reducir el impacto térmico sobre el esófago.
Además, la moderación en la cantidad diaria —especialmente en quienes consumen más de cuatro tazas— se considera una medida prudente mientras continúan las investigaciones sobre esta relación.

