Hablar de alimentación y nutrición ya no es hablar solo de ciencia, hábitos o salud: es hablar de un ecosistema en movimiento donde circulan datos, experiencias y recomendaciones de muy distinto origen. Antes de llegar al consultorio, buena parte de las personas hace un recorrido previo por canales digitales. No porque los consideren más confiables, sino porque están ahí: disponibles, inmediatos, accesibles. Ese “primer contacto” convive luego con la búsqueda de fuentes profesionales.
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Un estudio reciente de Trendsity y QuestionPro, realizado sobre 1000 casos a nivel nacional, muestra que más de la mitad de los argentinos (54%) inicia sus consultas sobre salud y alimentación en Google. Es el punto de partida para entender un síntoma, comparar opiniones o simplemente calmar la inquietud.
Ese clic inicial no reemplaza al nutricionista: solo abre la puerta a un mapa informativo mucho más amplio que el de años atrás.
Ese mapa incluye también a las dietéticas y tiendas naturales, espacios que, para un 46% de los encuestados, aportan información confiable. No necesariamente por su rigor técnico, sino porque se han vuelto lugares donde la idea de “bienestar” se materializa: lo natural, lo sano, lo artesanal.
En paralelo, seis de cada diez personas desearían encontrar más opciones saludables en supermercados, lo que abre una oportunidad para los retailers de acompañar consumidores cada vez más atentos a la calidad de lo que compran.
Sin embargo, cuando observamos el mapa de credibilidad, la escena cambia de orden. Ocho de cada diez argentinos señalan a médicos y nutricionistas como la voz verdaderamente autorizada. La mayoría reconoce en ellos la fuente sólida, el criterio profesional, la interpretación correcta de la evidencia.
La brecha entre “dónde empiezo a informarme” y “a quién le creo finalmente” marca la tensión contemporánea entre accesibilidad y expertise.
Esa tensión es más marcada entre los más jóvenes, un grupo habituado a la velocidad y el lenguaje de lo digital. Entre quienes tienen 16 a 25 años, solo 35% consulta directamente a un profesional al inicio. No es desinterés: es un modo distinto de habitar la búsqueda, donde la inmediatez pesa más que la autoridad, al menos en el primer tramo.
En este recorrido, la inteligencia artificial empieza a ocupar un lugar cada vez más visible. Si Google sigue siendo la puerta de entrada, las herramientas de IA (como ChatGPT o Gemini) ya son utilizadas por un 34% de los encuestados, superando incluso a las redes sociales. Su atractivo no es la promesa de precisión científica, sino su capacidad de ordenar, simplificar y estar disponible 24/7 en un mundo donde casi la mitad de las personas (47%) siente que comer saludable es cada vez más confuso.
En paralelo, los influencers especializados funcionan como traductores culturales: toman el lenguaje técnico y lo vuelven cercano. Sus contenidos impulsaron cambios concretos en la alimentación de 4 de cada 10 argentinos, cifra que trepa al 57% entre jóvenes. No reemplazan al profesional: ocupan otro rol, más cotidiano, más narrativo.
La IA, por su parte, aparece como un recurso práctico especialmente entre madres y padres jóvenes: 42% la usa para organizar comidas, y 36% confía en sus recomendaciones más que en los medios tradicionales. Más que un “nutricionista digital”, opera como un asistente que alivia decisiones diarias, sin desplazar a la figura experta.
Como sostiene Lorena Cironi, Directora Socia de Trendsity: “La información hoy circula en múltiples capas. La autoridad profesional sigue siendo central, pero las personas transitan un ecosistema mucho más diverso antes de llegar a ella. La validación no es lineal: se construye entre la ciencia, la experiencia y el sentido común”.
En este escenario, lejos de quedar relegadas, las marcas y los supermercados tienen una oportunidad estratégica: pueden convertirse en aliados confiables, ofreciendo información clara, transparente y basada en evidencia; curando opciones saludables; y ayudando a reducir la confusión que sienten muchos consumidores.
La confianza alimentaria del futuro no se construye desde un único lugar, sino desde la consistencia y la empatía. Las marcas que combinen rigor científico con sensibilidad cultural podrán ser referentes indispensables en un ecosistema cada vez más complejo.
La conversación sobre nutrición ya no transcurre en un solo ámbito. Sin embargo, la necesidad de claridad, guía y solvencia profesional permanece intacta. En ese cruce entre información, práctica cotidiana y cultura del bienestar se abre un nuevo territorio: uno donde consumidores, marcas y expertos pueden construir juntos caminos más accesibles y orientadores hacia una alimentación mejor.
La autora es CEO de Trendsity


