Después de aproximarse al soporte ubicado alrededor de los $17.10 pesos por dólar, el tipo de cambio (en adelante USDMXN) registró una marcada volatilidad e intentó alcanzar $17.50 pesos en cuestión de días. Sin duda, a pesar de la apreciación que aún muestra la paridad cambiaria respecto al nivel de $18.00 pesos que se reportó al cierre de 2025, los movimientos han sido relevantes y poco ordenados.
Algunos factores han contribuido de manera puntual a la depreciación reciente del USDMXN.
En primer lugar, la propuesta de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) fortaleció al dólar frente al resto de las divisas. Dicha recuperación reflejó la expectativa de una postura no tan laxa por parte del eventual sustituto de Jerome Powell en lo que respecta a decisiones de política monetaria. No sólo se ajustó el valor de la divisa norteamericana, los precios del oro, y principalmente de la plata (con una caída cercana a 30% el día que el presidente Trump anunció que propondría a Warsh), cayeron significativamente. La corrección en el precio del oro, que incluso los mismos bancos centrales utilizan para diversificar el riesgo de sus reservas internacionales, reflejó una salida de recursos de este activo hacia dólares.
En segundo lugar, el peso mexicano se ha visto afectado por la posibilidad de que la primera ministra de Japón, quien disolvió el parlamento de su país y convocó a elecciones para este próximo domingo, consiga suficiente respaldo para implementar una política fiscal expansiva. La presión al alza sobre las tasas de interés ha restado atractivo a las estrategias de carry trade que favorecieron al peso. En particular, es probable que los inversionistas comiencen a deshacer posiciones en instrumentos mexicanos que habían financiado con endeudamiento a tasas más bajas en yenes.
Los elementos anteriores sugieren que la fortaleza del peso es acotada, y que ésta ha respondido más a factores externos y particularmente al debilitamiento del dólar.
Y por supuesto están los fundamentales para la economía mexicana. Si bien éstos se mantienen sólidos, se detectan algunos riesgos que podrían incidir negativamente sobre el crecimiento del país y sobre variables como el USDMXN. Esto, aunado al hecho de que la economía mexicana registró un bajo crecimiento en 2025 y las perspectivas para este año son modestas.
A la fecha, en INVEX Análisis consideramos que la política pro-industrial del presidente Donald Trump (principalmente beneficios fiscales), junto con la exención de aranceles en caso de producir dentro de Estados Unidos, podrían ser factores que desincentiven la inversión en México. Esto a pesar del anuncio hecho por la administración Sheinbaum sobre la inversión de una importante cantidad de recursos en proyectos de infraestructura de 2026 a 2030 que impulsarían la inversión en el país (siempre y cuando el sector privado efectivamente colabore en asociaciones público-privadas y no se quede en acuerdos, como ha ocurrido en ocasiones pasadas).
A lo anterior, habría que añadir la incertidumbre que rodea el tema de la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Si bien Marcelo Ebrard, secretario de Economía, asegura que el tratado “sobrevivió” a la ronda de consultas previas que han celebrado los tres países, aún no queda claro qué tendrá que ceder México para poder cumplir con las exigencias de Estados Unidos. Si al desvío de inversión por beneficios fiscales en Estados Unidos se suma el desvío que genera la incertidumbre sobre el principal tratado comercial de nuestro país, la expectativa de un peso fuerte se debilita.
En ese sentido, aunado a un entorno geopolítico que no deja de complicarse –sobre todo si se consideran las recientes hostilidades entre Estados Unidos e Irán–, es probable que el USDMXN ya haya tocado un piso alrededor de los $17.10. De hecho, no descartamos que intente colocarse nuevamente por encima $18.00 pesos en la segunda mitad de 2026.
La fortaleza del peso es acotada y no se descarta volatilidad en la medida en que se publiquen noticias que afecten la percepción de riesgo.


