La desolación final de los jugadores de River, tras la goleada que le propinó Tigre en el MonumentalLa desolación final de los jugadores de River, tras la goleada que le propinó Tigre en el Monumental

River hizo todo mal y volvió a lo peor que creía haber dejado atrás: Tigre lo volteó con una dura goleada

2026/02/08 10:15
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River volvió al pasado reciente que pretendía dejar atrás. Si había dado un par de pasos al frente en las tres fechas pasadas, lo de este sábado fue un retroceso brutal, shockeante. Un desmoronamiento inaudito. La dura goleada sufrida ante Tigre en el Monumental retrotrajo a River a los aciagos partidos contra Sarmiento, Riestra, Gimnasia... Con el agravante de que ahora se trataba de una derrota lapidaria, irreversible desde el comienzo del segundo tiempo. Uno de esos golpazos que provocan aturdimiento y erosionan la confianza. Otra vez las dudas y el desconcierto. ¿Dónde quedaron la pretemporada regeneradora y el plus de los refuerzos? ¿Fue una pésima noche aislada o permanecen las cuestiones de fondo -blando atrás, desvaído en ataque- que vienen de arrastre?

El gesto contrariado de Marcelo Gallardo

La nube de bronca volvió a instalarse sobre el Monumental. El repudio señaló culpables: Colidio y Salas cuando fueron reemplazados, como símbolos de la anemia ofensiva, y Castaño en el momento de ingresar. Todo lo que un equipo puede hacer mal a lo largo de un campeonato, River lo condensó en 90 minutos. O en mucho menos tiempo, porque a los cinco minutos del segundo tiempo ya se había consumado el derrumbe. Un flan en defensa y sin ideas para jugar y atacar. Un desastre en toda regla, al que también contribuyó mínimamente el árbitro Zunino con una interpretación muy rigurosa de una pierna en alto de Vera sobre Cabrera. Fue roja directa, cuando una tarjeta amarilla hubiera sido lo más razonable. Al partido le quedaba media hora, Tigre ya ganaba 3-0 y River, que no sabía dónde estaba parado con 11, al quedarse con 10 se terminó de ir al tacho.

La solidez defensiva que traía River, con la valla invicta en las tres fechas anteriores, se evaporó mucho antes de que el partido levantara temperatura. Dos goles de Tigre en los primeros 15 minutos solo podían caber en la cabeza de alguien que hubiera burlado el límite del consumo de cerveza que se permitió por primera vez en algunos sectores del Monumental. A River no le bastaba una infinidad de pases para crearle peligro a Zenobio, pero un mal pase de Quintero a Moreno en campo visitante fue suficiente para que Tigre despachara un contraataque que desnudó una fragilidad casi ininterrumpida del equipo de Gallardo en la primera etapa. El punzante Romero coronó la corrida de Russo, con caño incluido a Rivero. Fue el 2-0, apenas diez minutos después de que Tigre empezara a descubrir el tembladeral de River, con una definición de Serrago, que se desvió levemente en Viña. Los hinchas de River no entendían nada, ni siquiera la señal de disculpa de Serrago, que se formó en las inferiores del club, pero del que nadie tenía registro.

Los hinchas fueron de la perplejidad a los insultos; algunos se fueron antes del final del partido

Sin presión coordinada, con un medio campo que se veía rápidamente desbordado, Russo y Romero eran dos flechas que atravesaban el viento libre que era River. El sector izquierdo, muy mal defendido por Rivero y Viña, era una invitación constante para un Tigre que era selectivo en sus réplicas, sabía especular con la desesperación local.

A River lo embargó rápidamente el nerviosismo; la adversidad se le hizo muy difícil de manejar. Intentó una circulación de la pelota que fue inocua y que, ante cada pérdida, lo exponía a un desbande defensivo. Tigre era todo lo contrario: sereno, compacto en su 4-4-2, muy simétrico en sus líneas. Le alcanzaba con un rendimiento serio y concentrado ante un rival al que se le volaban los papeles en dos de cada tres jugadas.

La blandura de River fue contagiosa. Martínez Quarta también entró en el desconcierto y Montiel se iba de excursión constante al área rival para pescar alguna pelota que sus compañeros hacían llegar dificultosamente. No había quién agarrara el fierro caliente que era el partido. La sucesión de pases no limpiaba terreno, terminaban chocando contra la muralla de Tigre. Los intentos individuales, alguno de Quintero, otro de Galván o Vera, se diluían en insinuaciones. A un tiro de Galván en el travesaño, Tigre respondió con tres contraataques picantes. Romero cabeceó arriba del travesaño, Cabrera no acertó al arco tras una falla de Martínez Quarta y Beltrán puso las manos a un remate de Russo.

Hacer cuatro goles en el Monumental: Tigre tuvo su fiesta

Los silbidos despidieron a River cuando se fue el descanso. Lo que venía mal, empeoró. Salió Viña, que emborronó lo aceptable de partidos anteriores. Superado en su sector y lento para proyectarse. Entró Acuña, pero lo de River era estructural, no funcionaba en ninguna de sus líneas. Los refuerzos que habían llegado para potenciar al equipo parecían confabularse para debilitarlo. Moreno, insólitamente, puso en juego un tiro libre en salida con un pase a los pies de Russo, que agradeció el regalo con un remate seco para el 3-0. Perplejidad total, la endeblez de River convertía a Romero y Russo en Haaland y Mbappé.

Con la expulsión de Vera, lo mejor que podía hacer River era retroceder y cubrirse un poco más para que la goleada fuera menos cruel, que no se agrandara. Tigre no se apiadó, marcó el cuarto en otra combinación Russo-Romero.

Entraron Galoppo, Castaño y Subiabre, ya no para revertir nada porque no había posibilidades, sino para correr un poco en un equipo paralizado. Tigre era una amenaza constante y a River el partido se le hacía eterno en su sufrimiento. Un zapatazo desde lejos de Rivero marcó un descuento anecdótico. Un gol de un defensor, mientras pasaron cuatro fechas sin que convierta un delantero. River regresó a las tinieblas que creía que había disipado.

Lo más destacado de River 1 - Tigre 4

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