Aunque la princesa Mabel de Orange-Nassau (57) es una exitosa mujer de negocios que figura entre las cien personas más ricas de los Países Bajos, su nombre está inevitablemente asociado a una tragedia que ensombreció a los neerlandeses: la muerte de su marido, el príncipe Friso, en 2013. El segundo de los tres hijos de la –por entonces– reina Beatriz tenía 43 años cuando quedó sepultado por una avalancha, mientras esquiaba fuera de pista en Lech, Austria. Tras el rescate, quince minutos más tarde, se comprobó que la falta de oxígeno le había provocado un daño cerebral masivo, pero su corazón siguió latiendo un año y medio más, mientras él permaneció internado en un coma irreversible.

La muerte de Friso golpeó duramente a toda la familia. En especial a su madre, la Reina –quien, atormentada por el dolor, terminó abdicando en favor de su primogénito, Guillermo Alejandro–, a su mujer, Mabel, y a sus dos hijas, las condesas Luana y Zaria, que hoy tienen 20 y 19 años, respectivamente.
La princesa y sus hijas, aunque nunca cortaron lazos con los Orange-Nassau (de hecho, están muy unidas a Beatriz y al rey Guillermo Alejandro, hermano de Friso, y a la reina Máxima), tomaron distancia de la tragedia y se radicaron en Londres, donde Mabel –que no volvió a casarse– maneja con buen pulso sus negocios. Ella continuó con las inversiones que junto a su marido habían hecho en Adyen, una compañía de banca electrónica, pero llevó su fortuna mucho más allá. Mabel, que es graduada con honores como politóloga y economista por la Universidad de Ámsterdam, invirtió en el mercado inmobiliario y tecnológico y, de 240 millones que tenía en 2018, pasó a los 575 millones que tiene hoy y que la convierten en la mujer de la realeza europea con mayor patrimonio personal. En el ranking de royals multimillonarios solo la superan tres hombres: el príncipe Alberto de Mónaco, el príncipe Hans Adam II de Liechtenstein y el gran duque Enrique de Luxemburgo, quien abdicó recientemente.
SALIR DE LA OSCURIDAD
Mabel, que se destaca como empresaria y también tiene un rol activo para impulsar la carrera de profesionales jóvenes y la innovación tecnológica (entre otras iniciativas, creó el Premio Friso de Ingeniería), mantiene, sin embargo, un bajo perfil en su vida privada. Desde la trágica pérdida de su marido, ha hablado pocas veces del tema en público. Tampoco suele referirse a la muerte de su hermana Nicoline, ocurrida hace dos años. Por eso, sorprendió que la princesa abriera su corazón en una entrevista con el canal NPO2 de la televisión neerlandesa y que contara que necesitó la ayuda de un terapeuta para sobrellevar el trauma. “Me dijo: ‘Intenta ver algo hermoso cada día. Míralo con atención. Y cuando lo veas, aférrate a ello’. Eso me ayudó muchísimo. De vez en cuando veía una flor bella o a una de mis hijas bailando alegremente. Creo firmemente en eso”, admitió la cuñada de los reyes Guillermo y Máxima. “Hay momentos en los que pienso: ‘¡Dios mío!’. Ha sido muy muy muy oscuro a veces”, agregó.

Mabel Martine Wisse Smit –su nombre completo– había conocido a Friso cuando en una fiesta los presentó Laurentien, por entonces la prometida de Constantijn, el hermano menor del príncipe. Ella ya tenía una carrera en los negocios y era fundadora y líder de varias instituciones, como el Consejo de Acción Europeo para la Paz en los Balcanes y la fundación War Child. Se enamoraron enseguida, la relación se volvió un noviazgo formal y decidieron casarse con la bendición de la reina Beatriz, contenta de sumar a la familia a una chica tan talentosa. Los planes, que parecían perfectos, chocaron con la oposición del parlamento neerlandés a que se celebrara la boda: tras una investigación, se descubrió que Mabel había tenido un vínculo sentimental con un narcotraficante llamado Klaas Bruinsma, asesinado en 1991. Friso apeló, pero fracasó, y en un acto de amor y rebeldía, renunció a sus derechos dinásticos para poder casarse con su novia. Conservó el título de príncipe –lo que permitió que Mabel se convirtiera en princesa tras el matrimonio–, aunque perdió su lugar en la línea de sucesión al trono.
Se casaron el 24 de abril de 2004 y poco después nacieron sus hijas, Luana, en 2005, y Zaria, en 2006. Fueron felices solo por unos años más: en 2013 la muerte logró lo que no había conseguido la política, separarlos para siempre.


