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El país sin semáforos: tradición vial, gestos humanos y una resistencia cultural que desafía la modernidad

2026/01/31 15:00
Bután es el único país del mundo donde no existen semáforos y el tránsito se regula manualmente (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el corazón del Himalaya, Bután se distingue por mantener una tradición que desafía la lógica de las grandes ciudades y sorprende a los visitantes: es el único país del mundo donde no existen semáforos. Mientras la señalización luminosa se considera indispensable en la vida urbana moderna, este pequeño reino asiático ha optado por un enfoque radicalmente distinto, guiado por su historia, cultura y un concepto singular de bienestar colectivo.

Un modelo de tránsito único

Situado entre India y China, cuenta con una población cercana a los 800.000 habitantes y una red vial de unos 8.000 kilómetros. Aunque sus ciudades, como la capital Thimphu, tienen avenidas tranquilas en comparación con urbes como Nueva Delhi o Pekín, el volumen de tránsito no es tan bajo como para prescindir de orden y control.

La diferencia, señala New Delhi Television Ltd (NDTV), reside en la forma de gestionar ese flujo: en lugar de señales eléctricas, el país confía la organización del tráfico a policías de tránsito.

En varios cruces de Thimphu, es posible observar a agentes uniformados, apostados dentro de pequeñas casetas de madera decoradas, dirigiendo el movimiento de vehículos y peatones con gestos elegantes y precisos. Cada oficial recibe una semana de entrenamiento especializado en señales manuales y trabaja turnos de 30 minutos.

Esta imagen, tan particular de Bután, se ha convertido en parte del atractivo turístico del país y en símbolo de su identidad.

El sistema de tránsito en Bután promueve el respeto y la cortesía como base para la convivencia vial diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tránsito en Bután funciona sobre la base del sentido común, la cortesía y el respeto mutuo. Los conductores utilizan señales visuales y confían en la coordinación no verbal. Esta dinámica, que contrasta con la dependencia de los semáforos en países de tránsito masivo, refuerza el tejido social y reduce el estrés habitual de la vida urbana.

Además, el reino incorporó algunas rotondas en intersecciones de mayor tráfico, pero sigue evitando la automatización y prioriza la intervención humana.

El intento fallido de modernización

La ausencia de semáforos en Bután no se debe a una falta de recursos tecnológicos ni a un rezago en infraestructura. Por el contrario, es resultado de una decisión consciente y culturalmente fundamentada. En 1995, las autoridades instalaron el primer semáforo en una de las intersecciones principales de Thimphu. Sin embargo, la población recibió la novedad con desagrado: el dispositivo fue percibido como una presencia impersonal y perturbadora, incapaz de sustituir el vínculo y la flexibilidad de los agentes humanos.

La respuesta fue tan contundente que el semáforo solo permaneció en funcionamiento durante 24 horas antes de ser retirado, de acuerdo con la información brindada por OMSHA Travel, la guía turística para quienes quieran visitar el país. La escena ilustra cómo la sociedad butanesa valora la conexión y la armonía en la convivencia, incluso en aspectos tan cotidianos como la circulación vehicular. El propio gobierno reafirmó, tras este episodio, su compromiso con un modelo de tránsito basado en la intervención policial y la comunicación directa entre ciudadanos.

El caso de Bután invita a preguntarse si un modelo basado en el respeto puede reemplazar sistemas tradicionales de señalización en sociedades más complejas. Si bien la experiencia butanesa resulta difícil de replicar en países con alta densidad poblacional y problemas de tránsito, su éxito demuestra que las soluciones culturales pueden ser tan efectivas como las tecnológicas en ciertos contextos.

Cultura, valores y felicidad nacional

 Hasta 1999, la televisión y el acceso a internet estaban prohibidos (Crédito: Grosby Group)

La resistencia a instalar semáforos en Bután es apenas una muestra de la selectividad del país respecto a las influencias externas. Hasta 1999, la televisión y el acceso a internet estaban prohibidos, medida que el Cuarto Rey Dragón, Jigme Singye Wangchuck, revirtió tras estudiar en el extranjero y considerar la utilidad de dichas tecnologías para el desarrollo nacional. La llegada de cajeros automáticos también fue reciente, reflejando una apertura gradual y controlada a la modernidad.

El budismo, introducido en el siglo VIII, orienta las decisiones políticas y sociales del reino. Este marco filosófico se refleja en la adopción de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) como indicador de desarrollo, donde el bienestar colectivo prima sobre el crecimiento económico. No es casual que el 91% de la población se declare feliz, según una encuesta nacional, en parte gracias a una vida menos acelerada y más conectada con los valores comunitarios.

Las autoridades, además, promueven campañas de educación vial a través de carteles en las carreteras con mensajes ingeniosos que invitan a la prudencia. También existen altos impuestos a la compra de vehículos y restricciones a la importación de autos usados, lo que contribuye a limitar el parque automotor y, en consecuencia, la necesidad de semáforos.

La gestión del turismo, según destaca AOL, sigue la misma lógica de control y preservación cultural. Solo pueden ingresar hasta 150.000 turistas al año, todos obligados a contratar un guía local antes de su llegada. De este modo, Bután protege sus tradiciones y evita la masificación, garantizando una experiencia auténtica y sostenible.

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